¡QUÉ SUSTO!

¡Qué susto! Eso es lo que decimos después de ver que nuestr@ hij@ está bien tras haber sufrido un golpe, caída o cualquier accidente.

Hago este post porque me lo ha pedido una amiga. La semana pasada Jone, su peque, se le cayó del cambiador y sus papis llevaban un buen susto. La llevaron al médico para quedarse tranquilos y les dijeron que la princesa estaba bien. 🙂

Tod@s los niñ@s nos asustan en un momento u otro. ¿Y por qué nos asustamos? Porque les queremos, porque buscamos siempre su bienestar, porque no queremos que sufran,…

Rubén es un terremoto (ya lo sabéis l@s que lo conocéis), así que tiene varias batallitas que contar. Por suerte, todas han quedado en un susto.

Una de las primeras «aventuras» la vivió sobre los 9 meses (y la repitió más adelante). Cuando empezó a levantarse y a andar cogido a cualquier cosa que se encontraba, le gustaba jugar a abrir y cerrar el zapatero que tenemos en la entrada de casa (que no está collado a la pared). Siempre vigilábamos que no se le venciera, ya que al abrirlo, como lo hacía con fuerza, temíamos que se le cayera encima. Como cada vez era más rápido en sus movimientos, un día que nos despistamos, llegó al zapatero y lo abrió. Cuando escuchamos el «boom» corrimos a buscarlo. El zapatero de madera se le había caído encima y él estaba debajo en silencio. Rápidamente lo cogimos y empezó a llorar. Por suerte, no se había hecho nada físico, ninguna herida ni contusión. Nos llevamos un buen susto.

que-susto-1En octubre, al poco de empezar la llar (guardería), sobre los 14 meses, tropezó; y al caerse se abrió la ceja con la esquina de una bandeja de plástico que había en el suelo. Las maestras en seguida lo curaron y nos llamaron para informarnos. Con unos puntos de pegatina tuvo bastante para que se le cerrara la herida. Prácticamente no se le nota la cicatriz (que después de saber que estaba bien, era lo que nos preocupaba).

Una mañana, a los 18 meses, estábamos en casa esperando a que viniera mi padre para llevarlo a la llar (guardería) porque yo estaba con gripe. Después de lavarle la cara en el baño, se quedó allí jugando con el orinal y me fui un momento a beber agua. Cuando ya estaba volviendo al baño escuché un ruido de cristal y me alarmé mucho. Al llegar, Rubén estaba llorando y en el suelo había una botella de cristal decorativa que teníamos (ya las hemos quitado) encima de una estantería.  Estaba intacta. Pensé que el peque lloraba porque estaba asustado, pero cuando lo cogí, vi que le caía una gota de sangre por la frente. Le miré bien la cabeza (yo estaba temblando) y vi una pequeña herida en la entrada del cabello, justo encima de la frente. Así que lo lavé con suero y le puse «betadine». Como no estaba tranquila, me lo llevé al médico. Me dijo que estaba bien.

El día de carnaval por la mañana, después de pillar un buen berrinche porque no quería disfrazarse, al abrir la puerta del coche para dejar su mochila, Rubén puso el dedo por el agujero de la bisagra; con tan mala suerte que cerré la puerta (2 segundos) y le pillé el dedito gordo (la parte de la uña). Subimos a casa y le puse una tirita para que la uña no se le despegara y le di «ibuprofeno» (Dalsy) para que no se le inflamara mucho. Cuando la uña se le secó, se cayó sola y ahora ya le ha nacido la nueva.

¡Madre mía! Me estoy dando cuenta de que tiene un buen historial 🙁
Por último, os hablaré de los chichones, lo más habitual en casa.
No os voy a contar ningún caso en concreto porque Rubén es experto en llevar la frente marcada. Lo único que os diré es que usamos mucho ARNICA y le ponemos monedas frías en el chichón durante un rato, sujetándolo con una cinta. Sólo con eso se le baja mucho la inflamación y al día siguiente le queda el «moradito».

Hace unos meses, mi marido y yo decidimos hacer un curso de primeros auxilios para niñ@s. Además de por Rubén, yo quería tener una idea de qué hacer en caso de accidente en el aula, tener unas pautas.
Al hablar de los golpes, nos comentaron que lo más importante es observar la actitud del niñ@ después del accidente. Si vemos que está bien, que responde con normalidad y actúa como siempre, en teoría no debe tener nada «importante» (además del susto y el chichón).

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Si después del golpe el peque se muestra adormecido (si es su hora de domir no cuenta, ya que seguramente estará cansad@). La manera de dormirse no es la habitual, sino que parece que estén «inconscientes». Otro síntoma que puede alarmarnos es que vomiten, que digan palabras sin sentido o que se mareen. En estos casos, lo mejor es ir al médico para que los examinen bien.

Para todas aquellas familias que estéis interesadas en hacer esta formación (la recomendamos 100%), os dejo el link. Cursos de pediatría e infancia

Os pongo esta imagen por si alguna vez (espero que nunca) tenéis que poner en posición de seguridad a una persona que esté inconsciente.

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Me la ha pasado Cristina, que tuvo un gran susto con su peque, Álvaro, y gracias a su rápida actuación todo quedó en eso, un susto.

Y esto es todo (de momento) 😉

Un besazo.

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