PRIMEROS PASOS…

Hacia los 8 meses Rubén empezó a ponerse de pie cogiéndose al sofá, a un mueble, a un juguete, a una pierna,… Nos asombraba la estabilidad que tenía. Le encantó descubrir que había más puntos de vista que el de «a ras de suelo» y le empezó a sacar partido.

Sobre los 10 meses ya se movía de acá para allá cogiéndose a lo que tenía al paso, pero siempre con sujeción. Algún día hizo dos pasitos solo cuando vió que la distancia a recorrer era corta. Por suerte, aunque se cayó algunas veces, nunca cogió miedo. Además de que es un «kamikaze» que todo lo prueba y a todos lados quiere subir, siempre lo hemos animado a ser autónomo, a hacerle ver que es capaz de lo que se proponga y hemos estado a su lado cuando lo ha intentado (y cuando se ha caído).

El otro día comentamos con un grupo de padres y madres la importancia de hablar en positivo cuando vemos que están en una situación que nos resulta peligrosa o se pasa de nuestro límite. Es decir, que es preferible decir «ve con cuidado», «yo te miro y estoy aquí» o «me da miedo que hagas esto»; que decir «te vas a caer» o «no podrás hacerlo». También influyen, obviamente, las experiencias previas que cada persona haya tenido. Porque si has vivido una situación de peligro que ha terminado en un accidente o «susto grande», probablemente te será muy difícil evitar el miedo (o no transmitirlo).

Muchas veces, cuando hablas en negativo, da la sensación de que atraes las cosas malas (esto son supersticiones mías, eh). Pero sí que es verdad que siempre intento (con mis alumn@s también) reforzar lo positivo, las cosas buenas, lo que son capaces de hacer. Esto hace que su autoestima crezca y se sientan motivados y apoyados para conseguir nuevos retos.

Uy! Que me lío…Después de mucho practicar pasitos a su ritmo y libremente…el día de su primer cumpleaños Rubén decidió recorrer, sin ningún apoyo, una distancia más larga, de unos dos metros. Pude compartir ese gran momento con mi hermana, que me avisó cuando vio que el peque iba lanzado. Y, a partir de ahí, cada día se soltaba un ratito cuando él quería. Poco a poco esos ratitos fueron más largos y las distancias a recorrer más extensas, pero siempre respetamos su ritmo e inquietud.

Hemos evitado usar andadores (de los que usamos nosotros cuando éramos bebés), puesto que hay estudios que advierten de su influencia negativa en el desarrollo de las piernas y la espalda. Además de que los bebés no pueden endurecer sus extremidades, sino que se acostumbran a andar de puntillas, sin hacer fuerza ni equilibrio. Os dejo este link, donde dan varios argumentos. ¿Por qué los andadores no son buenos para los bebés?
Lo que sí que usamos fueron andadores de apoyo y que sirven como carrito para transportar cosas. El de Ikea nos fue genial, puesto que se puede regular la velocidad de las ruedas según la etapa en la que se encuentra el niñ@. Y nos regalaron otro que además llevaba más juguetes por el otro lado. La verdad es que nos fueron genial. El de Ikea aún lo usa para llevar juguetes de un lugar a otro o incluso para montarse él y que lo lleves.

En definitiva, cada bebé tiene su ritmo: algunos no gatean porque tienen necesidad de andar directamente; otros gatean y andan antes de cumplir el año; otros se sienten cómodos gateando y no ven necesidad de andar,…

Como me dijo una vez una amiga «va a estar andando el resto de su vida, así que no hay prisa».

Besitos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Comment *