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¿NO VAIS A POR EL TERCERO?

Pues no, no tenemos intención de tener un tercer hij@.

Esta pregunta nos la hacen a menudo, seguida de varios motivos por los que la gente cree que podemos tener más peques.

El comentario más recurrente es que somos jóvenes. Sí, lo somos.

Otra razón que nos dan es que tenemos buenos horarios. Sí, también es cierto. Y estamos encantados de poder tener las tardes completas para estar juntos y disfrutar de nuestra familia.

Y otros motivos son que llevamos bien la paternidad y maternidad, que los peques han dormido y comido bien siempre, que estamos bien organizados,…

Sí, sí, todo esto es «verdad verdadera», pero ahora os cuento porqué no tenemos intención de aumentar la familia.

Voy a hacer un resumen de cómo ha ido mi vida para llegar a este punto (maestra, 32 años, casada y con dos niñ@s).

Tuve una infancia feliz que pude compartir, a partir de los 8 años, con mi hermana (mi primer tesoro). Cuando tenía 12 años mis padres decidieron separarse y cada uno rehízo su vida. Decidí seguir estudiando más allá de la ESO y el bachillerato. Descubrí mi vocación y fui a la universidad. Ya era maestra. A los 23 años volví a convertirme en hermana mayor. Fruto de la nueva relación de mi padre nació mi hermano (mi segundo tesoro). Una vez que empecé a trabajar, los años han pasado volando…

Tuve varias relaciones que no llegaron a buen puerto. A los 21 me emancipé. Y a los seis meses conocí a MI PERSONA. Al vivir sola, enseguida me quitó una parte del armario y plantó su cepillo de dientes en el baño. Comenzamos una vida juntos.

A los cuatro años de relación, celebramos nuestro amor con un bodorrio; un día muy especial que pudimos compartir con nuestra familia y amig@s.

Y al año siguiente…llegó Rubén. El día que el príncipe cumplía dos añitos gritamos a los cuatro vientos la llegada de Abril, que en poco más de un mes soplará ya sus tres velitas.

PAM. Así, de un plumazo, ha pasado la primera parte de mi vida (porque espero que sea muy larga, tengo muchas cosas por hacer).

Me siento afortunada, pues he podido hacer cada cosa en el momento que me ha apetecido o he creído adecuado.

Sí, seguramente mi vida es parecida a muchas, porque parece que hay unos patrones que hay que seguir, como si cada uno no pudiera elegir lo que quiere hacer, solo faltaría. Me explico.

Cuando tienes pareja: todo el mundo espera que empecéis a convivir u os caséis.

Cuando estás conviviendo o casado y la relación va bien: ¿para cuándo el churumbel?

Cuando tienes un hij@: habrá que darle un hermanit@.

Y cuando te crees que por subir la media de natalidad te van a dejar tranquil@…no, no es suficiente. ¿Y el tercero para cuando? Seguido de: con lo jóvenes que sois, lo buenos que os han salido los niñ@s, la de cosas que hacéislos buenos horarios que tenéis y lo bien organizados que estáis…¿no os animáis?

Pues NO, no me animo. Ahora os doy nuestras razones.

Quizá cuando era pequeña fantaseaba con la idea de tener 3 hijos. No negaré que si me quedara embarazada porque el método anticonceptivo falla, lo tendríamos. Pero vamos allá.

Tener un hij@ es precioso. Para mi, lo mejor que he hecho en esta vida. Pero tenerlos es fácil, lo difícil es criarlos (frase de mi comadrona que se me quedó grabada y comparto al 500%).

El día a día es un croquis de organización con los dos peques. Cuando tienes uno, te lo parece, y con dos, se confirma la regla. Rubén se fue de colonias y tener solamente a Abril fue un paseo (y eso que la tremendilla vale por dos). Así que seguro que con tres podríamos (y con seis, claro) seguir organizando el día para tener nuestros momentos de deporte, coser, ir al cine, estudiar,…pero no quiero probarlo para confirmarlo (je, je). Además de que conseguir que un familiar se quede con un niño ya es complicado. Con dos…casi imposible. No quiero saber con 3 😉

Económicamente, un hij@ es un pozo sin fondo.

Hace cosa de un año una chica me pidió un post contando lo caro que es tener un hij@. Se refería a sólo antes de tenerlo y el embarazo (estoy buscando información para escribirlo, me pareció una buena idea).

Así que una vez nacen…es un no parar de gastar. Ya no hablo de pagar la llar (guardería), una cuidadora, el comedor escolar, las extraescolares, excursiones,…sino del día a día: pañales, ropa, material escolar, zapatos o comida (que conforme crecen se nota más el gasto). Y esto sin contar extras, ¡que los hay a pares! Me han intentado convencer diciendo que hay ayudas y tal (sí, varias personas me lo han dicho, como si fuera un chollo). Si el Estado da ayudas es porque les sale a cuenta que tú tengas más hij@s, seguro que no ahorras dinero 😉

Dicen que el tercero se cría solo…permitidme que no me lo crea. Supongo que lo que pasa es que la experiencia que tienes te hace relativizar las cosas (igual que pasa cuando tienes el segundo). Igual se refieren a que lo tienes todo más por la mano. Sea como fuere…¡no tengo intención de probarlo! 🙂

Otro motivo por el que no nos planteamos tener un tercer hij@ es el embarazo. Viéndolo con perspectiva, puedo decir que he tenido buenos embarazos, pero me apetece CERO pasar por otro. Además de los 18kg que he engordado cada vez, se suma el malestar de que se me duerman las manos, la retención de líquidos, lo mal que duermo al final,… Y las preocupaciones que se generan en el embarazo. Una vez te quedas embarazada, no paras de sufrir por que todo vaya bien.

¿Y el espacio? Buf. Si ya se me queda pequeño el piso con dos…no quiero imaginarlo. Claro, por supuesto que podríamos vivir cinco, y diez también, pero no como me gustaría vivir.

Somos muy felices con nuestros dos hij@s. Igual parece tópico, pero nos hacía gracia tener la parejita (niño y niña, además por este orden). Tengo que reconocer que estando embarazada de Abril le decía a mi marido que si era otro niño no descartaba ir a por la niña. Pero se ve que alguien debió escuchar sus súplicas y a las 15 semanas (cuando me hice la amniocentesis) nos confirmaron que venía una princesa. Debo decir que si hubiera sido otro niño no sé si hubiera ido a por la niña, eh! je, je, je.

¿Y cuándo se duermen en el coche? Ahora hacemos eso de «divide y vencerás» (frase que repite mi cukino habitualmente). Consiste en que cada adulto se ocupa de un niñ@, de manera que puedas subirlos a casa en brazos si se han dormido, hacer X cosa cuando el otro quiere hacer otra, llevar al «malito» al médico mientras la otra parte se queda con el peque que está bien (si es que esto pasa alguna vez, porque normalmente se alinean los planetas para que los lleves en pack!!).

¡Ah! Hay otro motivo de mucho peso: llevo los pendientes con los nombres de Rubén y Abril, y solamente tengo dos orejas…ja, ja, ja…

¿Mi tattoo? Tendría que añadir a un tercer peque (creo que bajaría en globo…ja, ja, ja).

Y si todos estos argumentos os han parecido de risa…os diré que sí, que son chorradas que solucionaría en un plis si quisiera tener otro hij@.

El motivo principal es que nos gusta dedicarles tiempo, atenderlos, jugar, disfrutar de ellos. Y el tiempo pasa volando, así que queremos exprimirlo al máximo con estos dos peques. No tenemos necesidad de volver a empezar.

Y hasta aquí puedo leer. Somos muy felices con nuestra OHANA (familia).

¿Os ha pasado lo mismo? Ya me contaréis.

Besitos, cukis.

¡QUÉ BIEN VIVEN L@S MASTR@S!

Pues sí, llevo una semanita de vacaciones y he oído varias veces esto de «qué bien vivís l@s maestr@s». Eso sí, quien me lo ha dicho ha sido seguido de «yo no aguantaría ni 15 minutos con 25 niños en una clase».

Sí, muchas personas lo dicen desde el cariño, nos admiran, nos valoran, saben que esta profesión también tiene muchos sacrificios. Que vaya por delante que no desprecio ningún trabajo, solamente hablaré del mío, pero sin menospreciar las demás, que todas las profesiones son muy respetables y necesarias.

Que sí, que l@s maestr@s tenemos dos meses de vacaciones, más los puentes, las Navidades y la Semana Santa. Que sí, que tenemos un buen horario, con las tardes libres para dedicarlas a lo que queramos. Que sí, que el sueldo no está mal. No voy a seguir porque el etcétera es muy largo.

Ahora os voy a contar la cara B de nuestra «buena vida».

Cada mañana dejo a mis dos hijos a las 8 en el colegio (aunque las clases empiezan a las 9). Pago un servicio de acogida donde les dan de desayunar, juegan, pintan… Los levanto pronto, los arreglo, preparo almuerzos y los llevo antes para poder llegar a la hora a mi escuela. Sí, esto quiere decir que no los puedo dejar nunca en la fila con sus compis de clase, no puedo ver a sus maestr@s, no puedo despedirlos en días de excursión o colonias (convivencias), etc. Este curso, sin ir más lejos, dije a mis alumn@s que dejaba a Rubén y a Abril pronto en la escuela; uno se sorprendió mucho y me preguntó: ¿y por qué los llevas tan pronto? Y le dije: para poder estar contigo ahora. Su cara era un poema: estaba entre alucinado y agradecido.

Corrigiendo en buena compañía

L@s maestr@s no trabajamos con máquinas, sino con personas. Esto implica que cada día te sumerjas en un laberinto de sentimientos, aprendizajes, situaciones familiares,…que no se quedan en el cole cuando acaba la jornada. Porque muchos días te vas a casa pensando en ese alumn@ que hoy tenía mal día, el que no pudo hacer los deberes por motivos ajenos a él, o el que tenía ganas de aprender y quieres seguir motivando.

Además de estos «laberintos» que no dejan de ser parte de la implicación de cada uno, también hay tareas que no tienes tiempo de hacer en el cole (preparar una clase, buscar ese vídeo tan interesante ligado al temario, corregir…) y te llevas a casa para tenerlas listas cuanto antes, porque sabes que, para ell@s, es importante tenerlas pronto. Sus caras, al ver que has corregido aquella redacción o ejercicio tan rápido…NO TIENEN PRECIO. Sí, hay unas horas incluidas en nuestro convenio que son fuera de horario escolar, pero os aseguro que le dedicamos bastantes más.

Además de las horas que invertimos en nuestro trabajo fuera de la escuela, están las que disfrutamos en días que hacemos excursiones o nos vamos de colonias (convivencias) con ell@s. Y éstas últimas las valoran (l@s alumn@s y sus familias) como si fueran un diamante. Saben que son horas que no nos pagan, que podríamos estar dedicando a nuestra familia, a disfrutar de nuestr@s hij@s,…pero decidimos disfrutarlas con l@s suy@s.

Pues sí, esta profesión es así. Quien se dedica a ella sabe que sin vocación no duras mucho tiempo. Cuántos hay que estudian magisterio porque «tendrán un montón de vacaciones», pero luego no hacen bien su trabajo y en pocos días tienen que dejarlo porque «no aguantan». Sí, la carrera está abierta a todo el mundo 😉

Este mes de julio no es propiamente de vacaciones: estamos a disposición de la escuela por si nos necesitan para programar el curso que viene, acabar la memoria, reestructurar grupos,… Yo, acostumbro a aprovechar para hacer una formación interesante que pueda aplicar durante el curso y sea beneficiosa para mis alumn@s.

He tenido alguna discusión por este tema, la verdad, pero con el tiempo he descubierto que quién piensa que «l@s maestr@s vivimos bien» sin ver la profesión desde todos los ángulos y perspectivas, no se merece ni una palabra de mi boca. Porque eso demuestra que no valora el gremio.

Así que si no eres feliz con tu profesión, lucha por lo que realmente deseas, pero no juzgues a quien es feliz con la suya.

Seguramente muchas de las cosas que sabes las has aprendido de la mano de maestr@s, que te han guiado durante unos años para que pudieras elegir el futuro que más te gustara, entre un abanico más amplio de posiblidades.

¡Feliz verano, cukis!

 

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LA MATERNIDAD?

Haberla, hayla, o eso dicen 😉

Antes de ser madre/padre, pocas personas te cuentan o admiten cómo cambia la vida con la llegada de un bebé. Pero sí es verdad que algunos de estos cambios te los puedes imaginar. Quién pretenda llevar la misma vida antes y después de la maternidad/paternidad, se engaña a sí mismo (o va a tener al niñ@ enchufado con alguien constantemente, una pena).

Tengo dos hij@s y he vivido en primera persona esos cambios, muchos de ellos me los esperaba, otros me pillaron desprevenida y los acepté (sólo faltaría je je).

Cada persona vive esta nueva etapa de manera diferente, tomando siempre las decisiones que le parecen mejor para sus hij@s y desde el amor que sienten por ell@s, estoy convencida. Así que todo lo que diga en este post, es mi humilde opinión y entiendo que habrá gente que no la comparta, por supuesto. ¡Allá voy!

Últimamente me alucina la de parejas que no van a la una, sino que el padre se deja llevar por la madre o viceversa.  La crianza de un hijo es la base primordial y necesaria para que un niño crezca seguro, feliz, alegre,…y llegue a ser un adulto independiente, autónomo, buena persona, honesto y capaz de tomar decisiones por sí mismo (para nosotros son valores fundamentales, más allá de lo que quiera estudiar).

La llegada de un bebé pone a prueba la estabilidad de la pareja. Una de las frases que repito más a menudo es «Un hij@ une, pero también desune», y es que un peque saca a la luz lo mejor y lo peor de cada uno. Si pretendes que tu relación mejore con un bebé…la llevas clara. Cada padre y madre tiene sus raíces, su forma de hacer, lo han criado con unas costumbres…y ponerlo en común no siempre es fácil. Por poner un ejemplo simple: Mike y yo no doblábamos las sabanas ni la ropa interior igual en casa de nuestros padres, así que consensuamos cómo lo haríamos en casa 🙂

Es importante tomar las decisiones conjuntamente, además de porque el pequeño es de los dos, porque la responsabilidad también lo es. Y si en una manera de hacer se discrepa, es necesario buscar acuerdos, de manera que ninguno de los progenitores se sienta mal o vea que está cediendo en algo importante para la educación de su hij@. Las decisiones tomadas «unilateralmente» se pagan caras (he presenciado varias de éstas…). Hace un tiempo oí a un padre pedir a una chica que hacía fotos en una actividad abierta, que no sacara a su hijo porque su mujer no quería. A lo que yo pensé: ¿Perdona, y tú? ¿No cuenta tu opinión? Eres su padre, podrás decir algo si no estás de acuerdo, ¿no?.

Y es que la maternidad/paternidad no es tan maravillosa como lo pintan, no. Pero quien lo pinta así no es honesto, de verdad. No cambio a mis hij@s por nada en este mundo, pues hay momentos duros, sufrimiento, inseguridades, miedos…de los que sales fortalecido. L@s que me conocéis sabéis que soy muy franca y realista, siempre cuento lo bueno y lo «constructivo». No escondo las rabietas y «pollos» de mis hij@s, su carácter (mi misma mala leche) y los reñimos, si lo creemos oportuno y necesario (y con público y todo). Creemos que no les hacemos ningún favor evitando el conflicto y justificando actitudes que no les hacen bien.

Un hij@ cambia tu vida, nada será como antes, pero no será peor, sino diferente. Pues sí, olvídate de esas duchas largas con la música a tope, de esas tardes de gimnasio sin mirar la hora, de las quedadas improvisadas con las amigas, de las largas siestas de domingo, de la peli y manta, de dormir la noche del tirón,… Pues no, no renuncies a nada, seguro que te puedes organizar, poco a poco, para hacer estas actividades que tu mente y tu cuerpo necesitan. Sí, para nosotros la organización es fundamental, tenemos los horarios coordinados al milímetro y todo planificado (dicen que si tienes una buena programación, puedes salirte del guión con tranquilidad). Por las mañanas mi marido se va pronto a trabajar (y algún día lo trabaja desde casa) y yo me encargo de levantar a los peques, que se arreglen, se aseen, hacer su almuerzo para la escuela y llevarlos al cole. Dos días a la semana voy al gimnasio al volver del trabajo y otros dos días va Mike. L@s niñ@s se quedan con el otro y van al parque, a la biblioteca, a la plaza, a casa a jugar,…lo que surja. Al volver a casa tocan duchas, cenas, dientes, pipis y a dormir prontito. Así luego podemos coser, escribir, leer, programar, estudiar inglés y ver una serie. Una chica me decía el otro día que se sentía culpable por dejar 40 minutos a su hijo con su padre para ir a hacer ejercicio. ¿Culpable? ¿Has matado a alguien? ¡Es su padre! ¿A él no le sabe mal que te sientas así?

Otra mamá comentaba que estaba convencida que cuando su bebé tenga dos años todo cambiará, que será autónomo, que ella tendrá vida, que habrá valido la pena… Y yo sólo podía sentirme mal por ella, por ver que no está disfrutando esta etapa de bebé, de descubrimientos, de cambios, de pequeños detalles, porque está pensando en que crezca. Yo sólo pienso: ¡QUE SE PARE EL TIEMPO! Porque crecen demasiado rápido y las etapas pasan volando. Alguien le había dicho que a los dos años todo sería diferente. Pues yo creo que Rubén me ha necesitado o me ha demandado más de los 2 a los 4 años que antes…Porque está descubriendo sus sentimientos, inquietudes, su carácter,…y necesita que le pongas palabras, que lo consueles, que estés ahí. Así que os podéis imaginar lo que le dije, ¿no? ¡Que se preparara para la a2lescencia, que es más dura que la etapa que está viviendo ahora! je je.

Y es que me da la sensación de que hay dos bandos: el de la rigidez, los purés, la trona, el biberón sin dar pecho, la silla de frente en el coche y dormir en la cuna desde bien pequeños. Y el de los no límites, el del Baby Led Weaning (toda la comida a trozos desde que el bebé se aguanta sentado, sobre los 6 meses), el de la Stokke (la silla que crece para dar autonomía al niño), el de la teta hasta los dieciocho, la silla del coche a contramarcha y el colecho hasta que el cuerpo aguante. ¿Alguien más tiene la misma sensación?

Sed felices. Un abrazo.

¿Vientre plano? ¡JA! Diástasis abdominal

No, nunca he sido delgada ni he tenido el vientre plano. A los 16 años conseguí marcar un poco de abdominales, fruto de entrenar aeróbic de competición. Siempre he usado una talla 38-40 de pantalón (y sigo así 🙂 ).

Después del embarazo de Rubén, en el que engordé 17 kg, ràpidamente recuperé mi talla y bajé quilos con facilidad, sin dietas ni rutina deportiva. Cuando el peque cumplió un año, volvía a tener el mismo peso que antes de quedarme embarazada. Mi barriga no era plana, tenía un poco de flacidez, pero nada más!

Y un año más tarde me quedé embarazada de Abril. La barriga dejó de ser «escondible» enseguida. Eso que dicen que los primeros se montan una casa y los segundos un palacio en la tripa…se cumplía.

La gente se asombraba cuando les decía que hasta marzo no tenía que nacer la niña y una mujer hasta me preguntó si llevaba 2, estando de 7 meses. Su cara de incredulidad cuando le dije que sólo era una pero grande…todavía la recuerdo.

En las últimas ecografías Abril parecía una luchadora de sumo. Nos dijeron que rondaría los 3,900 kg y yo sólo podía pensar: «OMG, a ver lo que me cuesta parirla».

Mi barriga era inmensa, y aunque no me hinché tanto como en el anterior embarazo, el adormecimiento de manos a causa del síndrome del túnel carpiano (clica para saber qué es) y la pesadez eran horribles. Añadiendo a todo esto que ya teníamos a Rubén y no podía descansar todo lo que necesitaba.

Veía que mi piel estaba muy estirada y se habían formado caminitos por toda la parte delantera de mi barriga. Sólo esperaba que no fueran estrías.

Y llegó el día: nació Abril. Aquí os enlazo el post donde conté el parto de pe a pa.

Después dar a luz a una niña de 4,190 kg…ya me esperaba que mi barriga no volvería a su sitio tan pronto como en el primer embarazo.

 

 

Fue pasando el tiempo y, aunque enseguida recuperé mi talla y mis curvas, veía y notaba que mi vientre no estaba bien, algo pasaba. Me puse faja un par de meses…pero nada.

Cuando Abril cumplió 10 meses y nos destetamos, comencé a hacerme tratamientos para mejorar el aspecto de mi piel e intentar reducirla, pero notaba una masa dura en el abdomen que no tenía antes.

Un día, estando en Medistetic realizándome un tratamiento, la doctora vió que al incorporarme de la camilla en mi tripa salía una montañita, justo en el centro. Y me lo dijo: tienes diástasis abdominal (clica encima para saber qué es), ve a tu médico de cabecera y  al cirujano. Y vi la luz. No era lo que quería escuchar, pero por lo menos me daba la respuesta a mi duda.

Cuando fui a visitar al cirujano casi salgo con fecha para operación para el día siguiente. No me dio más soluciones que pasar por el quirófano para volver a unir mis abdominales. Pero me negaba a operarme, quise buscar una segunda opinión, más opciones,…

Así que me puse a buscar alternativas porque sabía que esa opción estaba ahí, disponible.

Leí decenas de artículos y todos recomendaban la gimnasia abdominal hipopresiva para reducir la diástasis. Aunque estos ejercicios no pueden volver a unir los rectos abdominales, puede volver a juntarlos bastante. Pregunté a mi amiga Miriam, fisioterapeuta especializada en postparto, suelo pélvico e hipopresivos (Fisiomonreal) y me recomendó que los hiciera.

Después de nacer Abril estuve un par de meses asistiendo a Vitruvi para realizar clases de hipopresivos con Albert, técnico especializado en pilates y recuperación post parto, así que me hice una rutina de ejercicios que seguí durante 2 meses.

Cada mañana me levantaba a las 6.30 y, mientras los niñ@s dormían, hacía los ejercicios durante 20 minutos. Había semanas que conseguía hacerlos 5 días, otras 3, pero por lo menos era constante. ¿Mi objetivo? Me propuse mejorar el tono de mi abdomen y reducirlo antes del verano. Si lo conseguía, perfecto, sabía que los ejercicios funcionaban y seguiría con ellos. Si no funcionaba…empezaba a plantearme la operación como única solución.

Y funcionaron. Además de la mejora visual, notaba que tenía más fuerza en el abdomen, que trabajaba la tripa cuando cogía peso, y no se llevaba toda la faena mi espalda.

Actualmente sigo teniendo barriga, pero esa masa dura ya es más blanda . Voy todo el día metiendo tripa para ayudar y fortalecer el músculo transverso del abdomen (la faja natural que tenemos tod@s).

Además del volumen de barriga, su aspecto no es maravilloso, pues aquellos caminitos que se marcaban cuando estaba en la recta final del embarazo ahora son pequeñas arrugas, fruto de la elasticidad y cesión que tuvo que sufrir mi piel.

 

 

¿Y ahora qué? Pues aunque la operación me sigue dando miedo (la anestesia, la cicatriz, el ingreso, el hospital, que me quede la tripa peor de lo que está…) ya no lo veo tan negativo. Tengo pensado seguir este curso con la gimnasia hipopresiva, ya que me hacía sentir muy bien e incluso mejoró mi postura corporal y el dolor de espalda.

Así que si no me acabo de ver bien o no mejora el aspecto de mi vientre…no descarto esta opción. Supongo que esperaré a que Abril sea más mayor.

Ya os contaré 😉

Besitos.

 

 

¿Otra vez con la teta?

Pues sí, ésta es la frase más repetida en mi entorno últimamente.

Antes de que nadie se ofenda, quiero dejar claro que este post va con buen humor, vale?

Ya llevaba tiempo pensando en escribir sobre la lactancia «a demanda» y las dificultades que tiene para la gente entender el término «a demanda».RELOJ

Antes, hace unos años, el biberón y el pecho se daban con unos horarios establecidos por el pediatra (cada 3 horas, por ejemplo). Con el tiempo, médicos, comadronas y otr@s expert@s cayeron en que, a diferencia de los biberones que tienen medidas y puedes saber la cantidad de leche que toma el bebé, las tetas no las tienen. Así que concluyeron en que el pecho debía darse a demanda, cuando el bebé quisiera, ya que era él mismo el que marcaba los tiempos, se regulaba y sabía si necesitaba mamar o no.

Dicho esto (un poco formal), sigo a lo mío.

Cuando le di el pecho a Rubén no recuerdo cuántas veces tuve que explicar que amamantar no es solamente dar de comer, sino que también es dar de beber, ayudar a dormir, dar amor, calmar,…pero ahora, con Abril, sí que soy consciente de la cantidad de personas que me dicen «¿Otra vez con la teta?» cuando mama la peque.

¡Ah! Además la leche materna es más fácil de digerir que la leche artificial, no se empachan 😉

Mi tía Maria Jesús (mi tía favorita je, je), sin ir más lejos. Cuando me ha acompañado a comprar o hemos pasado el día juntas, me ha dicho esta frase en varios momentos del día. Al principio sólo le contestaba «sí». Pero conforme me repetía la frase yo me iba calentando hasta decirle «¡Jolín, que cansina!» (con mucho amor, eh). Es lo que tiene la confianza. Ella me contó que dio biberón a mis primos y era cada X horas, por eso no entendía que Abril «comiera» tan seguido. Ahora me lo dice para chincharme (te quiero, tieta).

La-leche-tiene-todo-lo-que-necesitoEl otro día fuimos a cenar con unos amigos y me quedé bastante sorprendida porque dos de ellos me soltaron la pregunta y se pusieron a calcular el tiempo que había pasado entre una toma y otra (45 minutos, dijeron). Ya les solté el sermón y les dije que Abril tenía sueño, cosa que quedó clara cuando vieron a la peque frita en poco tiempo.

Y yo pienso: pero si la teta se la doy yo porque así lo he decidido con mi marido, ¿por qué les molesta a los demás?. Ayer un familiar me dijo: «Ay, no puedes ni comer tranquila, todo el rato con la teta fuera». Mi respuesta fue: «cuando opté por darle el pecho ya sabía lo que era». Debo añadir que mi marido tampoco estaba comiendo tranquilo porque Rubén tenía caca y luego pipi ji, ji, ji.

Con este post no quiero enfadar a nadie, de verdad, sino defender mis decisiones sin tener que justificarme. Ya sabéis, l@s que me conocéis, que no soy una fanática de la teta, que no pensaba darle a Rubén, pero probé y me fue bien. Pero es la opción que elegí y la quiero defender.

Y para acabar, una anécdota.

Rubén conoce tanto a Abril que ayer, en el coche, cuando nos íbamos a casa dijo: «Papas, la tata llora porque tiene sueño, ya es de noche. Mamá, dale teta»  🙂

Besitos.

CADA EMBARAZO Y CADA PARTO…SON UN MUNDO

Ya hacía un tiempo que tenía en mente escribir este post contando el embarazo y el parto de Abril. ¡Allá voy!

Cuando me hice el test de embarazo sentí los mismos nervios que con el de Rubén. Ese gusanillo en la barriga: una mezcla de cosquillas, nervios, ilusión,…y un poco de miedo (para qué negarlo, aunque fuera el segundo embarazo, sentí el mismo miedo que en el primero).

Empezamos con las ecos y todo estaba bien, así que decidimos dar la noticia el día del segundo cumpleaños del príncipe (los papis y herman@s ya lo sabían). Estábamos de 6 semanas.

El miedo a que algo fuera mal era más palpable que con el primer embarazo. Llegué a la conclusión de que el hecho de tener que llegar a contarle a Rubén que ya no iba a tener un hermanit@ era algo que se me hacía muy duro. Él estaba súper emocionado.

Y fueron avanzando las semanas y la tripilla iba creciendo. Ya sabéis que tuvimos un susto con los resultados del Triple Screening y nos hicimos la amniocentesis, que nos confirmó que todo iba bien y Abril venía en camino. Podéis leer el post LO QUE NADIE CUENTA.

Aunque en el primer embarazo estuve trabajando hasta los 7 meses (a 40 km de casa), en éste decidí coger la baja antes, a los 5 meses, ya que la ciática me tenía frita. Además, cuando llegaba a casa tenía a Rubén, que no daba tregua, así que no podía descansar como en su embarazo.

Y fue pasando el tiempo y llegó el momento de que se me durmieran los brazos…una 20160316_143752molestia llamada Síndrome del túnel Carpiano que ya había sufrido en el anterior embarazo, pero que en éste lo viví bastante peor, pues no podía descansar bien por la noche. Y de día, cuando hacía varias veces el mismo movimiento (como cortar tela, coser, escribir,…), también se me dormían los dedos.

Cuando llegué a la recta final ya estaba deseando parir (tal cual). Había engordado 17kg (uno más que con Rubén), pero al no estar tan hinchada como en el otro embarazo me encontraba mejor físicamente (desde los 5 meses estuve haciendo pilates para embarazadas y ejercitando el suelo pélvico, ejercicios que recomiendo al 100%).

IMG-20160107-WA0025Las últimas semanas me dijeron que Abril era bastante grande (posiblemente pesaría 4kg al nacer) y que tenía mucho líquido (de ahí mi tremendo barrigón). Así que como la peque no se decidía a salir y yo ya estaba muy pesada, mi ginecólogo decidió programar el parto para el jueves 17 de marzo, justo el día que cumplía.

El médico nos explicó en qué consistía un parto inducido; que sería largo, qué medicación me pondrían, que a veces acababa en cesárea (aunque intentarían que fuera natural porque el parto de Rubén fue bueno),…  No era lo que queríamos, pero era lo que el médico consideraba lo mejor y confiamos en él con los ojos cerrados, la verdad.

La parte «buena» del parto programado era que podíamos organizar todo para dejar a Rubén con el avi (abuelo), preparar la ropa, llevarlo a la llar (guardería) para no romper su rutina, explicarle todo con calma…

La mañana del 16 de marzo perdí el tapón mucoso y por la tarde, cuando me fui al ginecólogo para ver cómo iba…¡estaba de parto! Llevaba bastantes días con contracciones pero se iban parando, así que no creíamos que el momento había llegado. Y nos mandó para el hospital.

Cuando llegamos ya me estaban esperando, pues el ginecólogo había llamado para adelantar mi ingreso. Me llevaron directamente a la sala de dilatación y me pusieron las correas. Vino la comadrona, se llamaba Laura y, aunque al principio fue bastante seca y tuvo detalles que no me gustaron (como intentar ponerme oxitocina sin preguntar si la quería o hacerme sentir un poco tonta por querer aguantar la dilatación sin epidural), poco a poco fuimos limando asperezas (según mi marido yo también era bastante borde con ella…). ¡Ah! Se me ha olvidado comentar que cuando entró Laura por la puerta me dijo «¿Tú eres la de la bebé grande? Ahí ya estaba «cagadita del todo» pensando en el parto, así que igual podéis comprender por qué no era muy simpática con ella (guiño guiño).

Ingresé a las 16.30h y me rompieron un poco la bolsa para ver si 20160316_173615tenía tanto líquido como decían. Estuve dilatando sin medicación unas tres horas; sentada en la pelota, aguantándome en la pared mientras Mike me presionaba la espalda cuando tenía una contracción para aliviar el dolor, paseando por la habitación,…y de golpe ¡choffff! rompí la bolsa del todo (me hizo especial ilusión porque con Rubén me rompieron las aguas y quería notar la sensación).

Cuando estuve dilatada de 5 cm decidí ponerme oxitocina y la epidural porque estaba muy cansada y tenía que guardar fuerzas para empujar (aunque creía que me iban a hacer cesárea porque no paraban de decirme que la niña era grande). Estuve un rato genial, incluso me llegué a dormir, pero de golpe empecé a sentir las contracciones en la pierna izquierda y, aunque me pusieron dos dosis más de anestesia, esa zona no se me dormía (de hecho la pierna derecha la tenía como si fuera corcho y la izquierda despierta del todo). Me quitaron los aparatos de la epidural y me pusieron tumbada sobre el lado izquierdo para que bajara el líquido y volver a ponerme todo de nuevo. Parecía que me hacía un poco más de efecto, aunque seguía notando dolor.

A las 23.15h (más o menos) llegó mi ginecólogo (que aunque tenía entradas para ver el partido de liga del Barça, decidió verlo en casa y venirse al hospital). Decía que la nena aún estaba muy arriba, así que no tenía intención de entrarme a la sala de partos. Suerte que mi comadrona le dijo que me llevara, que ella me ayudaría a que la nena bajara.

De camino al paritorio ya volvían a dolerme mucho las contracciones en la pierna izquierda (luego me contó Laura que si no hubiera entrado ya se me hubiera ido la anestesia de la parte derecha también).

Como notaba las contracciones, el doctor me dijo que cada vez que me viniera una, empujara. Y ahí fue cuando le dije: «Para qué voy a empujar si me vais a hacer cesárea». Y el médico me miró y me dijo: «¿Cesárea? Pero si tienes una pelvis estupenda para parir». Así que le hice caso y empecé a empujar con cada contracción (mi comadrona se me puso sobre la barriga para bajar a Abril y me hacía más daño que las mismas contracciones).

Me explicaron que usarían una ventosa para ayudarme a ventosamantener a la niña abajo, ya que cuando empujaba con las contracciones ella bajaba, pero al dejar de empujar se volvía a subir la petarda. Miré el reloj que tenía justo delante, colgado en la pared. Eran las 23.45h. Me dijo el doctor que si hacía un buen pujo ya salía la cabeza. Y así lo hice. Me dije para mí misma que antes de las doce tendría a mi princesa en brazos y nacía a las 23.53h del día 16.3.2016 (una fecha que me gusta mucho, por cierto).

Mi marido vio todo el parto en primera fila, no perdió detalle. Me iba animando.

20160316_234924Cuando me pusieron a Abril encima, aún con el cordón, sentí una emoción inmensa y en el primero que pensé fue en Rubén y en la primera vez que lo cogí en brazos. El doctor le ofrecíó a Mike cortar el cordón, cosa que nos encantó, ya que con el príncipe fue todo tan rápido (y tan emocionante por ser la primera vez) que ni nos acordamos de pedirlo. La comadrona se atrevió a decir que Abril pesaba unos 4,200kg cuando la vio y… acertó (para mi sorpresa).

Ya se llevaron a la peque para limpiarla, aspirarla y pesarla (mi marido también fue) mientras a mi me cosían 4 puntos (los mismo que con Rubén y aprovechando la misma cicatriz de la episotomía). No tenía nada de anestesia ya, lo notaba todo, pero la verdad es que me daba igual porque nuestra princesa estaba con nosotros y había ido todo bien.

Y ahora ya estamos los 4 y ¡somos aún más felices!

Un abrazo.

LO QUE NADIE CUENTA

Hace ya tiempo que pienso en escribir este post, pero quizás por no saber cómo afrontarlo, lo he ido dejando. El otro día hablé con una amiga y me dijo: «nadie te dice cuánto tiempo ha tardado en quedarse embarazada, sólo te lo cuentan cuando ha sido a la primera. Deberías hacer un post porque somos muchas parejas las que no nos quedamos embarazadas el primer mes». Y creo que tiene toda la razón. Además, pienso que
pasa exactamente lo mismo con los abortos y con pruebas como la amniocentesis o la biopsia de corion. Así que…¡empiezo!

Cuando nos pusimos a (más…)

ORGANIZARSE, ESA ES LA CUESTIÓN

Mucha gente me pregunta últimamente cómo lo hago para hacer tantas cosas, de donde saco el tiempo, sí descanso…

Pues mi secreto es la organización. Sí, por suerte o por desgracia soy muy organizada (y mi maridín también) así que (más…)