LAS RABIETAS

Cuando Rubén cumplió el año (más o menos) vimos que su actitud delante de algunas situaciones iba cambiando. Antes, cuando era más pequeño, no demostraba su aprobación o rechazo cuando le ponías la chaqueta o lo sentabas en el carrito, por ejemplo.

Pero poco a poco fue sacando su carácter y empezaba a seleccionar las cosas que quería y las que no; como hacemos l@s adult@s, claro.
Las primeras rabietas fueron duras, ya que nos pillaron de imprevisto y no sabíamos cómo actuar. Es decir, teníamos dudas sobre si realmente estaba enfadado por ponerse la chaqueta o si le pasaba otra cosa.
Pero cada vez vimos mejor que lo que el peque estaba haciendo era mostrar sus intereses y seleccionar lo que le apetecía hacer y lo que no.
Así que según el motivo de las rabietas hacíamos de más y de menos. Si la rabieta era porque no quería comerse la fruta, por ejemplo, lo que hacíamos (y seguimos haciendo) era verbalizarle que debía comer fruta por los motivos que fuera y pactar con él una cantidad de trozos que tenía que comerse. Además, nos poníamos a comer con él, puesto que el referente, ejemplo o modelo es muy importante. También hacíamos juegos y muñecos para que comiera. Aunque, ya os digo, que no siempre nos ha funcionado.
Si la causa del berrinche era por no querer ponerse la chaqueta, le verbalizábamos que hacía frío y las consecuencias de no abrigarnos; nos poníamos nuestras chaquetas y se la poníamos a él. No cedíamos porque era algo que no se podía «negociar».
Y si el motivo del disgusto era un juguete o algo que se quisiera llevar y no podía ser, le ofrecíamos algo parecido y le explicábamos las ventajas de llevárselo. La verdad es que suele conformarse.
No acostumbramos a evitar las rabietas, puesto que forman parte de la vida cotidiana y creemos que Rubén tiene que saber que no siempre puede hacer lo que quiera. Igual que a l@s mayores no todos los días nos apetece ir a trabajar o levantarnos de la cama pero debemos hacerlo.
Con el tiempo, el niño ha ido aprendiendo qué cosas son «negociables», igual que nosotros hemos asumido qué cosas son «razonables».
Hacia los 17 meses, Rubén aprendió que la palabra «NO» tenía poderes mágicos, y que si la decía tenía un efecto inmediato sobre nosotros. Así que la empezó a usar para decidir (o intentarlo) todo lo que quería hacer y lo que no.Y así seguimos, ahora usando el «ti» también, je je.Besitos.

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