CADA EMBARAZO Y CADA PARTO…SON UN MUNDO

Ya hacía un tiempo que tenía en mente escribir este post contando el embarazo y el parto de Abril. ¡Allá voy!

Cuando me hice el test de embarazo sentí los mismos nervios que con el de Rubén. Ese gusanillo en la barriga: una mezcla de cosquillas, nervios, ilusión,…y un poco de miedo (para qué negarlo, aunque fuera el segundo embarazo, sentí el mismo miedo que en el primero).

Empezamos con las ecos y todo estaba bien, así que decidimos dar la noticia el día del segundo cumpleaños del príncipe (los papis y herman@s ya lo sabían). Estábamos de 6 semanas.

El miedo a que algo fuera mal era más palpable que con el primer embarazo. Llegué a la conclusión de que el hecho de tener que llegar a contarle a Rubén que ya no iba a tener un hermanit@ era algo que se me hacía muy duro. Él estaba súper emocionado.

Y fueron avanzando las semanas y la tripilla iba creciendo. Ya sabéis que tuvimos un susto con los resultados del Triple Screening y nos hicimos la amniocentesis, que nos confirmó que todo iba bien y Abril venía en camino. Podéis leer el post LO QUE NADIE CUENTA.

Aunque en el primer embarazo estuve trabajando hasta los 7 meses (a 40 km de casa), en éste decidí coger la baja antes, a los 5 meses, ya que la ciática me tenía frita. Además, cuando llegaba a casa tenía a Rubén, que no daba tregua, así que no podía descansar como en su embarazo.

Y fue pasando el tiempo y llegó el momento de que se me durmieran los brazos…una 20160316_143752molestia llamada Síndrome del túnel Carpiano que ya había sufrido en el anterior embarazo, pero que en éste lo viví bastante peor, pues no podía descansar bien por la noche. Y de día, cuando hacía varias veces el mismo movimiento (como cortar tela, coser, escribir,…), también se me dormían los dedos.

Cuando llegué a la recta final ya estaba deseando parir (tal cual). Había engordado 17kg (uno más que con Rubén), pero al no estar tan hinchada como en el otro embarazo me encontraba mejor físicamente (desde los 5 meses estuve haciendo pilates para embarazadas y ejercitando el suelo pélvico, ejercicios que recomiendo al 100%).

IMG-20160107-WA0025Las últimas semanas me dijeron que Abril era bastante grande (posiblemente pesaría 4kg al nacer) y que tenía mucho líquido (de ahí mi tremendo barrigón). Así que como la peque no se decidía a salir y yo ya estaba muy pesada, mi ginecólogo decidió programar el parto para el jueves 17 de marzo, justo el día que cumplía.

El médico nos explicó en qué consistía un parto inducido; que sería largo, qué medicación me pondrían, que a veces acababa en cesárea (aunque intentarían que fuera natural porque el parto de Rubén fue bueno),…  No era lo que queríamos, pero era lo que el médico consideraba lo mejor y confiamos en él con los ojos cerrados, la verdad.

La parte «buena» del parto programado era que podíamos organizar todo para dejar a Rubén con el avi (abuelo), preparar la ropa, llevarlo a la llar (guardería) para no romper su rutina, explicarle todo con calma…

La mañana del 16 de marzo perdí el tapón mucoso y por la tarde, cuando me fui al ginecólogo para ver cómo iba…¡estaba de parto! Llevaba bastantes días con contracciones pero se iban parando, así que no creíamos que el momento había llegado. Y nos mandó para el hospital.

Cuando llegamos ya me estaban esperando, pues el ginecólogo había llamado para adelantar mi ingreso. Me llevaron directamente a la sala de dilatación y me pusieron las correas. Vino la comadrona, se llamaba Laura y, aunque al principio fue bastante seca y tuvo detalles que no me gustaron (como intentar ponerme oxitocina sin preguntar si la quería o hacerme sentir un poco tonta por querer aguantar la dilatación sin epidural), poco a poco fuimos limando asperezas (según mi marido yo también era bastante borde con ella…). ¡Ah! Se me ha olvidado comentar que cuando entró Laura por la puerta me dijo «¿Tú eres la de la bebé grande? Ahí ya estaba «cagadita del todo» pensando en el parto, así que igual podéis comprender por qué no era muy simpática con ella (guiño guiño).

Ingresé a las 16.30h y me rompieron un poco la bolsa para ver si 20160316_173615tenía tanto líquido como decían. Estuve dilatando sin medicación unas tres horas; sentada en la pelota, aguantándome en la pared mientras Mike me presionaba la espalda cuando tenía una contracción para aliviar el dolor, paseando por la habitación,…y de golpe ¡choffff! rompí la bolsa del todo (me hizo especial ilusión porque con Rubén me rompieron las aguas y quería notar la sensación).

Cuando estuve dilatada de 5 cm decidí ponerme oxitocina y la epidural porque estaba muy cansada y tenía que guardar fuerzas para empujar (aunque creía que me iban a hacer cesárea porque no paraban de decirme que la niña era grande). Estuve un rato genial, incluso me llegué a dormir, pero de golpe empecé a sentir las contracciones en la pierna izquierda y, aunque me pusieron dos dosis más de anestesia, esa zona no se me dormía (de hecho la pierna derecha la tenía como si fuera corcho y la izquierda despierta del todo). Me quitaron los aparatos de la epidural y me pusieron tumbada sobre el lado izquierdo para que bajara el líquido y volver a ponerme todo de nuevo. Parecía que me hacía un poco más de efecto, aunque seguía notando dolor.

A las 23.15h (más o menos) llegó mi ginecólogo (que aunque tenía entradas para ver el partido de liga del Barça, decidió verlo en casa y venirse al hospital). Decía que la nena aún estaba muy arriba, así que no tenía intención de entrarme a la sala de partos. Suerte que mi comadrona le dijo que me llevara, que ella me ayudaría a que la nena bajara.

De camino al paritorio ya volvían a dolerme mucho las contracciones en la pierna izquierda (luego me contó Laura que si no hubiera entrado ya se me hubiera ido la anestesia de la parte derecha también).

Como notaba las contracciones, el doctor me dijo que cada vez que me viniera una, empujara. Y ahí fue cuando le dije: «Para qué voy a empujar si me vais a hacer cesárea». Y el médico me miró y me dijo: «¿Cesárea? Pero si tienes una pelvis estupenda para parir». Así que le hice caso y empecé a empujar con cada contracción (mi comadrona se me puso sobre la barriga para bajar a Abril y me hacía más daño que las mismas contracciones).

Me explicaron que usarían una ventosa para ayudarme a ventosamantener a la niña abajo, ya que cuando empujaba con las contracciones ella bajaba, pero al dejar de empujar se volvía a subir la petarda. Miré el reloj que tenía justo delante, colgado en la pared. Eran las 23.45h. Me dijo el doctor que si hacía un buen pujo ya salía la cabeza. Y así lo hice. Me dije para mí misma que antes de las doce tendría a mi princesa en brazos y nacía a las 23.53h del día 16.3.2016 (una fecha que me gusta mucho, por cierto).

Mi marido vio todo el parto en primera fila, no perdió detalle. Me iba animando.

20160316_234924Cuando me pusieron a Abril encima, aún con el cordón, sentí una emoción inmensa y en el primero que pensé fue en Rubén y en la primera vez que lo cogí en brazos. El doctor le ofrecíó a Mike cortar el cordón, cosa que nos encantó, ya que con el príncipe fue todo tan rápido (y tan emocionante por ser la primera vez) que ni nos acordamos de pedirlo. La comadrona se atrevió a decir que Abril pesaba unos 4,200kg cuando la vio y… acertó (para mi sorpresa).

Ya se llevaron a la peque para limpiarla, aspirarla y pesarla (mi marido también fue) mientras a mi me cosían 4 puntos (los mismo que con Rubén y aprovechando la misma cicatriz de la episotomía). No tenía nada de anestesia ya, lo notaba todo, pero la verdad es que me daba igual porque nuestra princesa estaba con nosotros y había ido todo bien.

Y ahora ya estamos los 4 y ¡somos aún más felices!

Un abrazo.

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